Homenaje del PRT al levantamiento popular del 13 de abril de 2002-2003.
Tomado de la separata del periódico central del PRT "El Proletario", mes de abril de 2005. Artículo: "La derrota del golpe capitalista de abril y la gran marcha de Petare".
Por Otto Van Der Velde Q.
Reproducción del 13 de abril de 2023, basada en la publicación del 13 de abril de 2022.
A tres años de la derrota infligida por las masas al golpe neofascista del 11 de abril, y a más de dos años de los sucesos del 2 de diciembre en PDVSA (mejor conocido como «el golpe petrolero»), acontecimientos que marcaron un paso adelante para el movimiento obrero y los socialistas; en vísperas, además, de los nuevos enfrentamientos de clase que se avecinan, volvamos un poco la vista atrás en busca de experiencias válidas para el futuro inmediato.
Antes del 11 de abril, nuestra organización había tomado algunas previsiones. Ocurridos los hechos del 11 de abril, con su estela de muertos, allanamientos y prisiones, se reúne el Secretariado del Partido el día 12, revisa la nueva situación política creada por el golpe de la derecha, y hace los enlaces necesarios con la Dirección Nacional y las direcciones regionales de Caracas, Miranda, Aragua, Portuguesa y Anzoátegui. Estos tres últimos estados eran coordinados por nuestros valerosos camaradas ya fallecidos Manuel Ureña (Aragua), Jesús González (Portuguesa), Carlos Mirabal (Anzoátegui), y el camarada Jesús Berbin (entonces coordinador suplente de la dirección regional de Anzoátegui, que la asume tras el fallecimiento del camarada Mirabal). La Dirección Nacional establece contactos con otros equipos políticos del interior del país y grupos revolucionarios aliados, así como con varios dirigentes y activistas comunales. Se decide pasar toda la organización del PRT a la actividad clandestina.
En las primeras horas del día 13, el Secretariado del Partido hace un nuevo diagnóstico de la situación a raíz del desastroso y estúpido discurso del dirigente de FEDECÁMARAS, Carmona Estanga, y su equipo golpista. Se constata entonces un brusco cambio en la correlación política de fuerzas, que aumenta con la presión popular desde los barrios del Valle, Petare y algunas otras parroquias caraqueñas. Se movilizan las masas en Maracay, estableciendo contacto con algunos militares patriotas.
De inmediato nos comunicamos con la concentración organizada en la Redoma de Petare, convocada por cuadros de nuestro Partido y la alianza revolucionaria de sectores de base del MVR, con los equipos de los camaradas Lenin-Malet. Se suman los cuadros revolucionarios del Distrito y la región Caracas; para el momento, entre otros: Otto V., Luis H., Manuel A., Iván, María, Carlos L., Néstor S., Vilma B., Deyanira V., Jesús N., Wilfredo, y algunos otros camaradas militantes de las zonas metropolitanas.
A las 10 a. m., unas 1000 personas entre cuadros políticos, obreros y comunidades nos habíamos ya concentrado en el sitio, en los alrededores de la Redoma de Petare. Se presenta una discusión con un pequeño grupo de activistas del PPT, dirigidos por Rodolfo S. y Miguel B., que proponían dirigir la concentración hacia la toma del canal 8. Sin embargo, la jefatura de la marcha decide el destino de esta: Miraflores, para reforzar las acciones y derrotar la parte central del cruento y poderoso golpe cívico-militar organizado, financiado y dirigido por el imperialismo norteamericano, sus aliados europeos y latinos, a través de la «Coordinadora Democrática» montada por Fedecámaras-Venamcham, la oposición de derecha (que agrupaba a la banca, los partidos puntofijistas y el Episcopado).
Una poderosa alianza del capital monopolista nacional e internacional, cuyo filo represivo apuntaba desde el primer momento no solo contra el presidente Chávez y unos cuantos funcionarios gubernamentales, sino ferozmente contra los socialistas y las corrientes más activas del proceso nacional revolucionario de 2002. Era imprescindible, pues, cortar el paso al imperialismo, a Fedecámaras-Venamcham y a sus aliados, antes de que estos consolidaran el «push» y provocaran el anunciado baño de sangre de la derecha venezolana.
11:30 a. m. Se pone en marcha el piquete de la columna, al que espera un peligroso recorrido en medio de una situación incierta: atravesar Caracas en el centro mismo de un cruento golpe en pleno desarrollo, que desde el primer momento allana, asesina, reprime al pueblo y anuncia exterminar al movimiento revolucionario. Es notoria la ausencia de orientación, información e incluso de presencia y dirección de calle de muchos altos jefes del gobierno y de la coalición de partidos de gobierno, quienes luego de pasado el peligro la propaganda oficial convertiría en héroes. Peor ocurre en la alta jefatura del Movimiento Quinta República (MVR), en la que varios de sus más altos jefes estaban comprometidos en la asonada cívico-militar capitalista, como los casos de Luis Miquelena, Alfredo Peña y otros encubiertos. Todos ellos son reemplazados en la calle por dirigentes comunales, campesinos y obreros de barrios, campos y fábricas.
En primera fila de la columna, los socialistas llamamos a la resistencia y a la ofensiva. Al paso del largo recorrido, la marcha popular atrae como un imán a miles de personas que bajan de las barriadas dispuestas a todo. Cerros y quebradas de Petare, Maca, La Línea, Campo Rico, Carpintero, La Bombilla, Chapellín, Santa Rosa, Sarria, Urdaneta; transeúntes y gente de otros barrios populares se incorporan a la gran columna en marcha combativa hacia la avenida Urdaneta y el palacio presidencial de Miraflores.
A la altura de Chacao, la ya crecida marcha se topa con la Policía Metropolitana y la pertrechada policía del golpista Leopoldo López, armada hasta los dientes, incluyendo armamento antitanque. En posición de combate, los golpistas cierran el paso a la incontenible columna, que en el sitio pasaba ya de 15 000 manifestantes aproximadamente. Se abre un momento de intensa tensión entre la columna y el importante piquete policial golpista. La jefatura de la marcha da la orden de avanzar, a pesar de la ferocidad policial; estos, ante la firme decisión del pueblo, se amedrentan, se echan a un lado y dan paso a la columna, debiendo soportar entonces los insultos, burlas y desafíos del pueblo enardecido, que ya nada temía.
No menos de 25 000 marchistas llegamos, alrededor de las 2 p. m., a Miraflores, donde ya se habían movilizado otras decenas de miles de manifestantes venidos de otras zonas, formando una impresionante y decidida concentración popular. La situación en Maracay era similar a la de Caracas, según los informes telefónicos de los camaradas Manuel y Ángel, desde los cuarteles ocupados por el pueblo revolucionario y los soldados patriotas. Informes similares del Partido movilizado llegaban de Jesús González en Portuguesa, Carlos Mirabal en Anzoátegui y otras zonas. El resto es historia conocida, incluyendo la imperdonable vacilación del «crucifijo» y el perdón presidencial como respuesta frente a las exigencias de castigo ejemplar a los golpistas y profundización del proceso revolucionario por parte de las masas triunfantes e insurreccionadas.
Bien: a tres años de aquellos apasionantes sucesos de abril, y esperando nuevos sucesos del 2005 en adelante, es conveniente anotar algunas experiencias que seguramente nos resultarán de gran utilidad:
1. Una vez más quedó demostrado que el pueblo tumba y repone gobiernos. Que este proceso incluso la propia vida del presidente Chávez se salva, en primer lugar, gracias a la valentía y decisión del pueblo venezolano, que pasó por encima no solo de la derecha terrorista y sus esbirros, sino también de los vacilantes, fanfarrones, oportunistas y traidores (civiles o militares) enchufados en el propio proceso, quienes dejaron el «peligro» antes de que sonaran los primeros tiros, para luego, como siempre y ya pasado el peligro, aparecer como héroes y jefes de la situación.
2. Quedó evidente que las masas insurreccionadas aceleran, minuto a minuto, la descomposición de las fuerzas enemigas y preparan las suyas para llevar hasta el final la lucha política en desarrollo, disponiendo todas sus reservas de combate. Los sectores populares movilizados para el enfrentamiento precipitaron la fractura cívico-militar del golpismo, animando la posición asumida por el sector de militares patriotas especialmente de los soldados y clases que, en más de un caso y en asambleas de base, desconocen a sus mandos golpistas (también a los vacilantes), hacen armas al lado del pueblo y niegan su apoyo al golpe de Estado capitalista montado por Fedecámaras-Venamcham, los partidos de la derecha, el Episcopado, comandados por el imperialismo norteamericano y el Opus Dei español.
3. Que, en efecto, las condiciones insurreccionales pueden madurar políticamente en cuestión de horas, pero se hace indispensable la línea orgánica, el mando del partido proletario, de las vanguardias de masas, direccionando una estrategia firme, un programa revolucionario concreto, acertado y claro, capaz de concentrar la insurrección popular y, sin titubeos en el momento clave, lanzar toda la fuerza popular hacia la toma del poder político. Objetivamente mas no subjetivamente en materia de estrategia y capacidad de dirección dichas condiciones en función del poder estuvieron muy cerca el 13 de abril y jornadas sucesivas, incluyendo formaciones embrionarias de doble poder; por lo que queda inconcluso el importante levantamiento político de masas. La presencia no madura, inexperta, de muchos factores internos subjetivos frenó el desenlace insurreccional. Queda establecida con toda claridad la importancia clave del partido de clase, su programa, su estrategia y sus consignas de poder político.
De hecho, las jornadas de abril-diciembre y luego, en 2003, con la derrota del golpe petrolero del agente Luis Guiusti, revelaron la capacidad de dirección política y administrativa de los obreros de PDVSA y sus aliados campesinos, comunales y soldados; colectivo que derrota el cruento golpe petrolero, restituyendo como clase el control y la producción de la importante empresa. Igualmente, se devela como falsa e interesada la propaganda del liberalismo burgués, así como la de aquellos patriotas corruptos que, para minimizar la actividad proletaria y socialista dentro de la insurrección popular del 13 de abril, vociferaban sobre un triunfo exclusivamente espontáneo de masas, del factor militar y de los inefables «expertos» como elementos decisivos en estas valerosas jornadas de lucha, lo que se demostró como una gran falsedad.
Estaba evidente en los hechos mismos no solo la convocatoria orgánica de vanguardia, sino la disposición favorable del pueblo, que se fundió en muchos casos con las direcciones revolucionarias locales, como el caso de la invisibilizada (por reformistas y burgueses) marcha de Petare, que no tuvo un pelo de espontánea.
He aquí pues otra novísima lección de nuestra lucha de clases, útil también para aquellos socialistas que anteponen el dogmatismo, el sectarismo, el espíritu de grupo, el empirismo aventurero y un sinfín de prejuicios a las tareas de unificar en los momentos clave el programa político de lucha con otras fuerzas, para acelerar el frente amplio y dar forma al plan socialista del partido proletario unificado en función de la toma del poder político por el proletariado obrero, campesino y comunal.
1. Las jornadas del 13 de abril y del 2 de diciembre de 2002-2003 establecieron una profunda diferencia con los sucesos populares de febrero de 1989, en cuanto a una mayor madurez política de las masas, un menor sentido espontáneo de lucha y el papel político más activo jugado por las organizaciones revolucionarias y comunales en su seno, lo que permitió concentrar los objetivos cívico-militares en los sitios precisos y vulnerables del enemigo.
2. Pero también ellas ratificaron que la fuerza central de nuestro proceso revolucionario es la clase obrera y el poder popular organizado: obrero, campesino y comunal.
Los sucesos de abril y diciembre de 2002-2003, que contaron (sobre todo este último, a razón del golpe petrolero de Guiusti, la «huelga indefinida» de los adecos Ortega-Cova y el paro bancario) con la presencia destacada de la clase obrera al frente de las comunidades organizadas y de grupos de soldados patriotas, indican que las verdaderas reservas del antiimperialismo y del socialismo están en las clases y estamentos explotados, no en la alharaca del oportunismo electoral, ni en la burocracia de turno, ni en los nacionalistas solo de palabras; sino que las grandes reservas de la revolución están en el empuje de las masas y sus vanguardias. La revolución es un hecho histórico en el que no caben conciliadores ni fanfarrones que en el parlamento llaman a la guerra y en la guerra llaman a la paz.
1. Finalmente, quedó muy claro que las fuerzas populares deben comenzar aceleradamente un plan miliciano de organización y preparación político-militar en todos los terrenos y bajo su propia dirección, porque el capitalismo imperialista y la oligarquía local no duermen: aprovechan la insólita impunidad existente, la falta de autoridad del gobierno con los enemigos del proceso, sus contradicciones internas, y la presión constante de las fracciones nacional reformistas de mercado en las propias filas del Estado-gobierno-partido —en contra corriente de sus propias bases— esperando volver a la carga cuando las masas estén más confiadas y distraídas.
Pero también, porque este proceso no se desenlazará favorablemente para el pueblo con reformas capitalistas de ningún tipo, menos con políticas fracasadas de privatizaciones estratégicas (mixtas o directas), corruptelas de todo tipo, inflación sin control frente a salarios de hambre, carencia de soberanía y anarquía económica desatada, sino con firmes respuestas antiimperialistas y socialistas antimonopólicas, tanto en el discurso como en los hechos, de las fuerzas populares cívico-militares aliadas por un cambio revolucionario anticapitalista de estructura, bajo la dirección del proletariado obrero-campesino-comunal y sus aliados revolucionarios.
PARTIDO REVOLUCIONARIO DE LOS TRABAJADORES (PRT)
partidorevolucionariod@gmail.com
(Reproducción del 13 de abril de 2022. Comisión Nacional de Propaganda PRT) / Nueva reproducción: 13.4.2023.
